martes, 27 de marzo de 2012

El leòn

El leòn un animal que necesita estar en su habitad natural ya que como vemos aquì està un poco enfermo y decaido por su fala de libertad.

martes, 20 de marzo de 2012

La Vida antes de los Dinosaurios

La expansión de Roma

Día de la Canción Criolla - Nivel Inicial 2010

los tiempos inacaico



 

Durante el apogeo del Inca Pachacutec, el conquistador y gran organizador del Imperio Inca_ las huestes imperiales al mando de su hermano Capac Yupanqui son vencidas en las llanuras de Bombón dominio de los Ppumpus; pero más tarde, por medio de un pacífico sometimiento son incorporados al dominio de la dinastía de los quechuas, hasta Huánuco Viejo y Huamalíes, pasando las huestes derrotadas hasta la región de Rupa Rupa.

Todo hace suponer que Pasco existió como centro de actividad minera durante la dominación de los quechuas, a saber de un documento eclesiástico que obra en el Archivo Nacional: "... La plata la sacaban del pueblo de YAROS, que ahora es de D. Antonio de Garay, e todo lo que sacaban lo daban al Inca; asi mismo sacaban oro del río Ninamarca y en Tomarica...".

Lo evidente es que existieron tribus llamadas Yaros, y su asiento pudo haber estado en el perímetro donde se encuentra la ciudad del Cerro de Pasco; pues a cinco leguas de la ciudad y hacia la quebrada, existe un pueblo antiquísimo, llamado Yarusyacan.

Muy probable es que el pueblo o el asiento de las tribus de los YAROS se convirtieron en el Cerro de San Esteban de Yauricocha, que fundaran los primitivos pobladores españoles en homenaje al Patrón San Esteban que fue una de las primeras víctimas del cristianismo y muerto a pedradas.

En esta época se explotaba la riqueza minera para la manufactura de alhajas, adornos y utensilios de la nobleza, así como para sus recipientes rituales incaicos. Finalmente, ha quedado establecido que el oro y la plata de más alta calidad y en representativa cantidad que sirvieron para pagar el rescate del Inca Atahualpa. fueron llevados de sus minas..

                              Célula



Una célula (del latín cellula, diminutivo de cellam, celda, cuarto pequeño) es la unidad morfológica y funcional de todo ser vivo. De hecho, la célula es el elemento de menor tamaño que puede considerarse vivo.[1] De este modo, puede clasificarse a los organismos vivos según el número de células que posean: si sólo tienen una, se les denomina unicelulares (como pueden ser los protozoos o las bacterias, organismos microscópicos); si poseen más, se les llama pluricelulares. En estos últimos el número de células es variable: de unos pocos cientos, como en algunos nematodos, a cientos de billones (1014), como en el caso del ser humano. Las células suelen poseer un tamaño de 10 µm y una masa de 1 ng, si bien existen células mucho mayores.
La teoría celular, propuesta en 1839 por Matthias Jakob Schleiden y Theodor Schwann, postula que todos los organismos están compuestos por células, y que todas las células derivan de otras precedentes. De este modo, todas las funciones vitales emanan de la maquinaria celular y de la interacción entre células adyacentes; además, la tenencia de la información genética, base de la herencia, en su ADN permite la transmisión de aquella de generación en generación.[2]
La aparición del primer organismo vivo sobre la Tierra suele asociarse al nacimiento de la primera célula. Si bien existen muchas hipótesis que especulan cómo ocurrió, usualmente se describe que el proceso se inició gracias a la transformación de moléculas inorgánicas en orgánicas bajo unas condiciones ambientales adecuadas; tras esto, dichas biomoléculas se asociaron dando lugar a entes complejos capaces de autorreplicarse. Existen posibles evidencias fósiles de estructuras celulares en rocas datadas en torno a 4 o 3,5 miles de millones de años (giga-años o Ga.).[3] [4] [nota 1] Se han encontrado evidencias muy fuertes de formas de vida unicelulares fosilizadas en microestructuras en rocas de la formación Strelley Pool, en Australia Occidental, con una antigüedad de 3,4 Ga. Se trataría de los fósiles de células más antiguos encontrados hasta la fecha. Evidencias adicionales muestran que su metabolismo sería anaerobio y basado en el sulfuro.[5]
Existen dos grandes tipos celulares: las procariotas (que comprenden las células de arqueas y bacterias) y las eucariotas (divididas tradicionalmente en animales y vegetales, si bien se incluyen además hongos y protistas, que también tienen células con propiedades

cuentos bolo

                                                               el dunde
No hay una sola persona que no haya escuchado hablar sobre los duendes. De esas pequeñas criaturas con las que las madres amedrentan a los niños: "Te van a llevar los duendes".

Cuando era pequeño me daba miedo de encontrarme con ellos. Los duendes son unos pequeños hombres en miniatura que miden como medio metro de altura, usan boina grande y visten lujosamente, con trajes de colores. La mayor parte del tiempo andan juntos. Andan por los potreros, cafetales y caminos solitarios, no les importa si es noche o de día con tal de andar vagabundos.

Al visitar una casa se hacen invisibles, molestan demasiado, echando cochinadas en las comidas, tiran lo que se encuentre en sus manos. Pero lo que más persiguen es a los niños de corta edad, los engañan con confites y juguetes bonitos; así se los llevan de sus casas para perderlos. Si el niño no quiere irse, se lo llevan a la fuerza; aunque llore o grite. Una vez un señor, quién me merece todo respeto, contó que una noche, cuando él iba a caballo con otro amigo vio saltar un chiquito a la orilla del camino. Al ver esa figurilla en ese camino tan solitario y en horas tan inoportunas ambos se extrañaron; bajaron el ritmo de los caballos para preguntarle hacia donde se dirigía. Voy a hacer un mandadillo dijo el pequeñín. Pero a pesar de que apresuraban el paso, el pequeñín los seguía a cierta distancia, con una habilidad increible. Aquel espectáculo los puso como piel de gallina, y no querían mirar hacia atrás; y cuando quisieron mirar, había desaparecido.

Algo muy parecido a esta historia anterior le sucedió al hijo de un amigo. Sus padres lo buscaron por todos lados, se había perdido hacía dos días, quién estaba en un potrero lejano del pueblo.

Cuando se le pregunto como había llegado allí, dijo que unos hombrecitos muy pequeños se lo habían llevado dándole confites y juguetes; pero cuando estaban lejos del pueblo, pellizcaban y molestaban y mientras lloraba, aquella jerga de chiquillos reían y bailaban.

Este suceso se comentó mucho en aquel pueblo y es digno de estudiarse por lo misterioso del caso.

Dicen las gentes que para ahuyentar los duendes de una casa, aconsejan poner un baile bien encandilado con música bien sonada.